“PERO… ¿POR QUÉ NO ABRÍS TAMBIÉN ‘GUARDE’ EN CUARTO CRECIENTE?”

“PERO… ¿POR QUÉ NO ABRÍS TAMBIÉN ‘GUARDE’ EN CUARTO CRECIENTE?”

Es una pregunta que cada vez nos formulan con mayor frecuencia: “¿Por qué no abrís también ‘guarde’ en Cuarto Creciente? ¡La llenaríais en seguida! ¡Os haríais de oro!” Y la respuesta es siempre la misma: Nunca entró en nuestros planes abrir una guardería, ni la vamos a abrir jamás.

Tenemos motivos de peso para tener esto tan claro, y es que sabemos (y queremos hacer hincapié en el verbo “saber”, porque no se trata de una simple opinión, sino que nos basamos en ciencia contrastada), que donde necesita estar un bebé hasta que cumple 3 años, es cuidado por una figura de apego que le pueda dedicar tiempo en exclusiva, o al menos, que lo comparta con muy poquitos niños más (dos o tres). Es decir, donde mejor está un bebé es siendo cuidado por mamá, papá, abuelos, tíos, vecinos o incluso una persona contratada en exclusiva para que cuide al bebé en casa (las llamadas “mamás de día” o “mamás por horas”), con quienes exista una relación de apego seguro.

Intentaremos explicar esta afirmación de la manera más breve posible, porque ciertamente, no es una cuestión simple como para desarrollarla en pocas líneas.

Tal y como estableció John Bowlby, en la etapa de los 0 a los 3 años, el bebé se encuentra en la denominada etapa egocéntrica. Recibe este nombre porque es la etapa en la que el ser humano desarrolla su “yo”, y a su vez, porque mientras el bebé se encuentra en dicha etapa, no tiene empatía hacia sus semejantes. Todos nacemos con la capacidad de desarrollar la empatía, y eso ocurrirá a partir de los 3 años, si el niño ha vivido una etapa egocéntrica saludable, pero al nacer, carecemos de empatía por completo. Esto es así, porque mientras el “yo” no se haya formado y completado, no se desarrollará en consecuencia la capacidad de ver al “otro”, de percibir a mis semejantes como seres que tienen las mismas necesidades, y las mismas emociones que yo mismo.

Sucede a veces que nos parece que un bebé está expresando empatía, pero no es más que la puesta en marcha de sus neuronas espejo, aquellas que precisamente le sirven para aprender del mundo que le rodea. Reproducen lo que nos han visto hacer a nosotros en algún momento, según una causa-efecto.

Y entonces, ¿Cómo forma un bebé su propio “yo” de manera saludable? Estando en contacto constante con sus figuras de apego, siendo cuidado, y percibiendo de este modo que se le atiende de manera incondicional. Así es como su autoestima se preserva, y su cerebro va percibiendo, poco a poco, pero de manera constante: “Soy cuidado, soy importante, merezco la pena.” El bebé en la etapa egocéntrica va pasando por distintas fases de reafirmación y separación gradual que es necesario respetar y conocer: Primero, en la medida en la necesita estar en contacto constante con el cuerpo materno que le gestó (la llamada exterogestación, que dura de 9 a 12 meses después de nacido), que pasa también por sucesivas crisis de lactancia (etapas en las que aumenta considerablemente la demanda de lactancia por parte del bebé, de forma que al aumentar la succión, cambia la composición de la leche materna para volverla más nutritiva a medida que crece), o que llega a la fase de las rabietas, que no es otra cosa que una gran crisis de identidad y reafirmación, saludable y necesaria (los famosos “no” constantes, que sólo significan “yo”, y que es cuando más necesitan sentirse acompañados y comprendidos por sus figuras de apego), etc.

Por tanto, todo aquello que nos dicen sobre que si les damos a nuestros bebés demasiados brazos, o demasiados mimos, nunca serán independientes, es radicalmente falso. Nuestra naturaleza humana determina que cuanto más nos cuiden y protejan en la fase egocéntrica, mejor se habrá satisfecho dicha etapa, y mayor autoestima, autonomía e independencia se desarrollará llegada la etapa social, que es en la que entra la criatura a partir de los 3 años. Mayor salud emocional, sin duda. El cerebro de un bebé no es como el de un adulto, solo que más pequeñito… Es totalmente diferente, y pasa por etapas que es fundamental tener en cuenta.

“Pero… Si las ‘guardes’ les vienen fenomenal, juegan con otros niños, y socializan”. Tampoco es cierto. Tal y como hemos explicado anteriormente, los bebés no son capaces de sentir empatía, no ven al resto de personas como iguales, por tanto no socializan, y no juegan juntos. Si observáis bien a dos bebés que pueda parecer que estén jugando juntos, en realidad sólo están jugando en paralelo, en el mismo espacio, a la misma cosa, pero sin interacción real. De hecho es muy probable que discutan y se peleen, incluso que se vuelvan agresivos, precisamente por encontrarse en esa etapa egocéntrica en la que, consecuentemente, no son capaces de compartir. El ser humano empieza a ser social a partir de los 3 años, cuando dejamos de ser bebés naturalmente dependientes.

“Les viene muy bien ir a la ‘guarde’, espabilan en seguida”. Ante esta afirmación, la respuesta es tan sencilla como tener claro que antes, no es mejor. Obligar a un bebé a sobrevivir a un ritmo que no le corresponde, nunca será positivo para su psique, ya que solo estaremos sembrando la semilla para posibles problemas de toda índole. La verdadera resiliencia en el ser humano no se genera forzando a los bebés a dejar de serlo.

Sin pretender obviar, de ninguna de las maneras, que la sociedad actual apenas permite una verdadera conciliación entre la vida laboral y familiar, queremos al menos hacer un llamamiento a la consciencia general, de que las guarderías son pura y meramente necesidades de los adultos, nunca de los bebés. No, ellos no las necesitan, las necesitamos nosotros.

Tal vez también cabría cuestionar si verdaderamente la inmensa mayoría de familias de nuestro país necesitan por causa de fuerza mayor aportar dos sueldos a la economía familiar, o si tal vez, al menos durante un tiempo, ambos progenitores (cuando los haya, claro) podrían sentarse un día a hacer cuentas y ver de qué pueden prescindir mientras uno de los dos se dedica a criar a su hijo/a en la etapa en la que más lo necesita.

En fin, son muchos los debates que se podrían abrir, por no pasar por alto, por ejemplo, preguntarnos a su vez qué provoca que las consultas de psicólogos y psiquiatras infantiles cada vez tengan más y más lista de espera. Qué les pasa a nuestros bebés, qué pasa en esa etapa de 0 a 3 años, cuando creemos que no se enteran de nada, y que por tanto, no les pasa nada, pero en realidad están pasando tantas cosas… Cosas de las que no se acordarán cuando crezcan, porque el cerebro de los bebés funciona solo a nivel límbico, su neocortex aún no se ha desarrollado para almacenar memoria consciente de sucesos, pero lo vivido está en el cerebro, y permanece, a un nivel emocional muy profundo, y determina la aparición futura de miedos o fobias, nerviosismo, hiperactividad, e incluso adicciones y depresiones en la adolescencia que se interpretan como enigmas, que no se sospecha si quiera de dónde podrían proceder. “Este niño… Ha salido así.” Se dice. Y tema zanjado.

En definitiva: “¿Por qué no abrís también ‘guarde’ en Cuarto Creciente?” Pues, en resumen, por una simple cuestión de principios, porque abrimos Cuarto Creciente para satisfacer las verdaderas necesidades de niños y niñas, y en eso estamos, y estaremos.

Escuela Cuarto Creciente
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1 Comment
  • Maria Pavon Gonzalez
    Posted at 06:52h, 17 septiembre Responder

    Muy bien explicado, totalmente coherente y basados en la filosofía de un centro que refuerza valores

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